Es curioso cuán diferente puede percibirse una misma cosa.. según la persona que la mira, la escucha, la huele, la piensa... o según cuándo, cómo, dónde la mira, la escucha, la huele, la piensa...
En fin, que pasa algo, uno lo interioriza fatal mientras que al otro se la pela. El uno se mosquea porque el otro ni lo menciona. El otro empieza a mosquearse porque nota que el uno está algo tenso, y se distancia a su vez, no vaya a ser. Y el uno se mosquea más porque piensa "sí, mira, ahora el ofendido es él, encima..." Y la cosa se va haciendo gorda, gorda, gorda, cada vez más gorda...
Y dos personas que tenían una relación estupenda dejan de tenerla por un quítame allá esas pajas.
Como somos...
Una de mis mejores amigas decidió hace un par de meses que no íbamos a hablar más de su monotema. Bueno, no lo decidió, lo prohibió. Por resumir: se la pega a su marido. Con uno de los tíos más tiranos, groseros, machistas y altivos que hay sobre la faz de la tierra, pero ella está colaíta. Y como yo no hacía más que soltar pestes de ese tipo y eso "le duele mucho", me lo prohibió.
Vale, lo respeto. No hablamos del monotema. Nunca.
Eso significa que no hablamos. Al parecer ahora está muy dolida porque ya no le pregunto cómo está, ni le propongo tomar un café a media mañana, ni le arrastro para que baje a comer conmigo... Y, sobre todo, está muy dolida porque el otro día le contesté fatal. ¿Por qué? me preguntó, ¿por qué me estás dejando sola cuando más te necesito? Porque tú lo has querido, contesté.
Pero debí contestarlo de muy mala manera porque se lo tomó como si le hubiera dicho "te lo mereces" o "te jodes", según parece. Y ahora no hablamos de nada.
Esta situación que, obviamente, es muy desagradable y muy triste, me lleva a la reflexión con la que empezaba: hay que ver lo diferente que percibimos la misma cosa las personas. Lo que para ella es una prohibición para que yo me sienta menos mal y no me caliente (sic) para mí es una prohibición, simplemente. Es una barrera que hace que ponga distancia porque me jode que una amiga me imponga una prohibición.
No soy de las de "amigos para siempre" y no haría cualquier cosa por la amistad ni todas esas chorradas pero... me perturba que me afecte que una amiga me prohíba hablar de lo que más le preocupa en su vida.
Diario de una gorda triste
martes 10 de noviembre de 2009
domingo 8 de noviembre de 2009
Off
Una vez más, la mujer miró el ordenador fugazmente, de reojo, como si temiera que él fuera a darse cuenta de que no le prestaba atención intencionadamente.
Hacía ya unos días que lo esquivaba.
Al principio encencía la máquina y empezaba a escribir. Unas veces sobre cómo se sentía; otras, sobre cosas que le parecían interesantes. Otras, simplemente, abría una nueva entrada, tecleaba unas palabras, las borraba y cerraba el explorador, con una sensación familiar que era una mezcla de resignación y abandono, como cuando dejaba la cama por hacer.
Pasaba el tiempo y cada vez le costaba más escribir hasta que llegó un día que ya no encendió el ordenador.
Lo miraba al pasar, con un sentimiento extraño, sintiéndose traidora y traicionada, todo a la vez. Hasta ese momento, la máquina había sido su amiga, su inspiración, su confesora y su purgatorio. No entendía por qué había dejado de serlo de repente. ¿Qué había pasado para que hubiera cambiado todo? Se sentaba delante de la pantalla negra y pensaba. No recordaba cuándo habían dejado de confiar la una en la otra. ¿Cuándo había dejado de ser su reflejo para convertirse en una pantalla de ordenador?
Pensaba en por qué había empezado a escribir y en cuánto le había ayudado a espantar algunos fantasmas. No a todos, claro, pero sí a algunos. Pero ya no, ya no le servía de amuleto ahuyentador de malos espíritus o, al menos, no sentía que lo necesitara.
Mientras reflexionaba sobre todas estas cosas, la mujer se quedó dormida, una vez más.
Hacía ya unos días que lo esquivaba.
Al principio encencía la máquina y empezaba a escribir. Unas veces sobre cómo se sentía; otras, sobre cosas que le parecían interesantes. Otras, simplemente, abría una nueva entrada, tecleaba unas palabras, las borraba y cerraba el explorador, con una sensación familiar que era una mezcla de resignación y abandono, como cuando dejaba la cama por hacer.
Pasaba el tiempo y cada vez le costaba más escribir hasta que llegó un día que ya no encendió el ordenador.
Lo miraba al pasar, con un sentimiento extraño, sintiéndose traidora y traicionada, todo a la vez. Hasta ese momento, la máquina había sido su amiga, su inspiración, su confesora y su purgatorio. No entendía por qué había dejado de serlo de repente. ¿Qué había pasado para que hubiera cambiado todo? Se sentaba delante de la pantalla negra y pensaba. No recordaba cuándo habían dejado de confiar la una en la otra. ¿Cuándo había dejado de ser su reflejo para convertirse en una pantalla de ordenador?
Pensaba en por qué había empezado a escribir y en cuánto le había ayudado a espantar algunos fantasmas. No a todos, claro, pero sí a algunos. Pero ya no, ya no le servía de amuleto ahuyentador de malos espíritus o, al menos, no sentía que lo necesitara.
Mientras reflexionaba sobre todas estas cosas, la mujer se quedó dormida, una vez más.
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martes 3 de noviembre de 2009
Fantasía
Tengo una fantasía recurrente. Normalmente aparece al día siguiente de estar con Aquiles.
En mi fantasía, en lugar de decirme "Tengo que irme" Aquiles se duerme tranquilo y, cuando despierto, sigue a mi lado, se da una ducha y planeamos el día, como si fuera algo normal pasar el día juntos. Hay variaciones: a veces me pide que me vaya con él de viaje, otras vamos a comer con sus hermanos... depende, depende de lo que tenga planeado.
En mis fantasías siempre soy feliz, sólo porque estoy con él. ¿Qué tontería, no? Como si estar con él fuera a acabar con todos los males de mi mundo. Pero, claro, es mi fantasía...
Al ratito me devuelve a la realidad alguna tontería y se me olvida... hasta la próxima vez.
¿Por qué nos hacen felices las fantasías inalcanzables?
Me gustaría conocer alguna de las vuestras.
En mi fantasía, en lugar de decirme "Tengo que irme" Aquiles se duerme tranquilo y, cuando despierto, sigue a mi lado, se da una ducha y planeamos el día, como si fuera algo normal pasar el día juntos. Hay variaciones: a veces me pide que me vaya con él de viaje, otras vamos a comer con sus hermanos... depende, depende de lo que tenga planeado.
En mis fantasías siempre soy feliz, sólo porque estoy con él. ¿Qué tontería, no? Como si estar con él fuera a acabar con todos los males de mi mundo. Pero, claro, es mi fantasía...
Al ratito me devuelve a la realidad alguna tontería y se me olvida... hasta la próxima vez.
¿Por qué nos hacen felices las fantasías inalcanzables?
Me gustaría conocer alguna de las vuestras.
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domingo 1 de noviembre de 2009
Tengo nuevos vecinos. Llegaron el viernes pasado, o sea, llevan poco más de una semana.
El miércoles pasado (o el jueves, no recuerdo bien) cuando llegué por la noche me sorprendió un cartel en el tablón de anuncios del edificio donde vivo:
Chungo, ¡eh?.
¿Sabes esta sensación que tienes a veces cuando eres consciente de que deberías entender un mensaje pero que le falta algo para que lo entiendas del todo, y le das vueltas a lo que será? Pero nada, que no acabas de pillar lo que dice. Pues me quedé así.
¿Que habrá pasado?, pensaba ¿qué escándalos? ¿QUÉ TIENEN QUE VER LOS NIÑOS?
¿¿¡¡ QUÉ LES PASA EN SUS CASAS!!??
Buf, he pasado unos días con una desazón... No entendía nada, estaba atenta pero no oía nada. Y como llego a casa tan tarde siempre me lo pierdo todo, joder...
El viernes por la tarde por fin entendí el críptico mensaje del presidente de esta nuestra comunidad: mis nuevos vecinos son muy activos sexualmente, no tienen problemas de comunicación, no tienen vergüenza y follan en el recibidor de su casa.
Me mola vivir en un edificio con un hilo musical tan divertido ¡ja!
El miércoles pasado (o el jueves, no recuerdo bien) cuando llegué por la noche me sorprendió un cartel en el tablón de anuncios del edificio donde vivo:
Se ruega a los señores vecinos que intenten no armar escándalos
cuando puede haber niños en sus casas.
El presidente
Chungo, ¡eh?.
¿Sabes esta sensación que tienes a veces cuando eres consciente de que deberías entender un mensaje pero que le falta algo para que lo entiendas del todo, y le das vueltas a lo que será? Pero nada, que no acabas de pillar lo que dice. Pues me quedé así.
¿Que habrá pasado?, pensaba ¿qué escándalos? ¿QUÉ TIENEN QUE VER LOS NIÑOS?
¿¿¡¡ QUÉ LES PASA EN SUS CASAS!!??
Buf, he pasado unos días con una desazón... No entendía nada, estaba atenta pero no oía nada. Y como llego a casa tan tarde siempre me lo pierdo todo, joder...
El viernes por la tarde por fin entendí el críptico mensaje del presidente de esta nuestra comunidad: mis nuevos vecinos son muy activos sexualmente, no tienen problemas de comunicación, no tienen vergüenza y follan en el recibidor de su casa.
Me mola vivir en un edificio con un hilo musical tan divertido ¡ja!
martes 27 de octubre de 2009
Sandalias y gabardina
El ser humano es extraordinario. E incoherente. ¿Por qué la gente lleva sandalias y gabardina o botas y tirantes?
Perturbada como estaba por esta muestra de incoherencia humana no he tenido más remedio que desahogarme por fin y hablar con mi jefe: he pedido reducción de jornada.
¿Por qué? No puedo soportar el ritmo de trabajo y necesito saber que voy a tener tardes libres, más tiempo libre. LO NECESITO.
Su respuesta ha sido razonable: no puede crear agravios comparativos y este trabajo es así, es lo que hay, tengo que plantearme si es lo que quiero y, si no me siento todo lo comprometida que debería con el proyecto, buscar otra cosa, sin dramatismos. De momento, para ver si "se me pasa" vamos a intentar reorganizar el horario para que, temporalmente, pueda tener tres tardes libres a la semana sin sentir que soy irresponsable o que me escaqueo del trabajo. Por decreto, no porque sea justo o no.
El caso es que este trabajo no es lo que quiero así que tengo que buscar otro. Pues, nada, lo buscaré.
Pero lo mejor han sido los comentarios de una persona con la que he tenido que conversar después, a saber:
- No te quejes, tú tienes trabajo ¿Y qué? ¿Eso me incapacita automáticamente para quejarme o para intentar cambiar lo que no me gusta de mi vida?
- En las pymes se sobreentiende que se tiene que trabajar más horas ¿Por qué? ¿Por qué tengo que asumir yo la falta de planificación de la empresa, por pequeña que sea? ¿Por qué lo asumimos todos?
- Si no te gusta, vete, es lo que hay ¿Qué hay de malo en proponer una solución ante un problema, aunque eso suponga un cambio? ¿Qué hay de malo en los cambios?
- En otros sitios se está mucho peor. Ya lo sé, he trabajado en sitios mucho peores ¿y qué? Que haya sitios peores no quiere decir que este sea bueno o que tenga que resignarme.
- Sólo hace unos meses que trabajas aquí, no haber venido. Bueno, me equivoqué, por eso quiero cambiar. Las equivocaciones pueden no perpetuarse en el tiempo. Es más, es conveniente que, si una se ha equivocado, intente enmendar el error.
Todo esto me lo ha dicho una persona que llevaba sandalias y una gabardina. ¿Pero qué se ha creído?
Perturbada como estaba por esta muestra de incoherencia humana no he tenido más remedio que desahogarme por fin y hablar con mi jefe: he pedido reducción de jornada.
¿Por qué? No puedo soportar el ritmo de trabajo y necesito saber que voy a tener tardes libres, más tiempo libre. LO NECESITO.
Su respuesta ha sido razonable: no puede crear agravios comparativos y este trabajo es así, es lo que hay, tengo que plantearme si es lo que quiero y, si no me siento todo lo comprometida que debería con el proyecto, buscar otra cosa, sin dramatismos. De momento, para ver si "se me pasa" vamos a intentar reorganizar el horario para que, temporalmente, pueda tener tres tardes libres a la semana sin sentir que soy irresponsable o que me escaqueo del trabajo. Por decreto, no porque sea justo o no.
El caso es que este trabajo no es lo que quiero así que tengo que buscar otro. Pues, nada, lo buscaré.
Pero lo mejor han sido los comentarios de una persona con la que he tenido que conversar después, a saber:
- No te quejes, tú tienes trabajo ¿Y qué? ¿Eso me incapacita automáticamente para quejarme o para intentar cambiar lo que no me gusta de mi vida?
- En las pymes se sobreentiende que se tiene que trabajar más horas ¿Por qué? ¿Por qué tengo que asumir yo la falta de planificación de la empresa, por pequeña que sea? ¿Por qué lo asumimos todos?
- Si no te gusta, vete, es lo que hay ¿Qué hay de malo en proponer una solución ante un problema, aunque eso suponga un cambio? ¿Qué hay de malo en los cambios?
- En otros sitios se está mucho peor. Ya lo sé, he trabajado en sitios mucho peores ¿y qué? Que haya sitios peores no quiere decir que este sea bueno o que tenga que resignarme.
- Sólo hace unos meses que trabajas aquí, no haber venido. Bueno, me equivoqué, por eso quiero cambiar. Las equivocaciones pueden no perpetuarse en el tiempo. Es más, es conveniente que, si una se ha equivocado, intente enmendar el error.
Todo esto me lo ha dicho una persona que llevaba sandalias y una gabardina. ¿Pero qué se ha creído?
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