domingo 8 de noviembre de 2009

Off

Una vez más, la mujer miró el ordenador fugazmente, de reojo, como si temiera que él fuera a darse cuenta de que no le prestaba atención intencionadamente.

Hacía ya unos días que lo esquivaba.

Al principio encencía la máquina y empezaba a escribir. Unas veces sobre cómo se sentía; otras, sobre cosas que le parecían interesantes. Otras, simplemente, abría una nueva entrada, tecleaba unas palabras, las borraba y cerraba el explorador, con una sensación familiar que era una mezcla de resignación y abandono, como cuando dejaba la cama por hacer.

Pasaba el tiempo y cada vez le costaba más escribir hasta que llegó un día que ya no encendió el ordenador.

Lo miraba al pasar, con un sentimiento extraño, sintiéndose traidora y traicionada, todo a la vez. Hasta ese momento, la máquina había sido su amiga, su inspiración, su confesora y su purgatorio. No entendía por qué había dejado de serlo de repente. ¿Qué había pasado para que hubiera cambiado todo? Se sentaba delante de la pantalla negra y pensaba. No recordaba cuándo habían dejado de confiar la una en la otra. ¿Cuándo había dejado de ser su reflejo para convertirse en una pantalla de ordenador?

Pensaba en por qué había empezado a escribir y en cuánto le había ayudado a espantar algunos fantasmas. No a todos, claro, pero sí a algunos. Pero ya no, ya no le servía de amuleto ahuyentador de malos espíritus o, al menos, no sentía que lo necesitara.

Mientras reflexionaba sobre todas estas cosas, la mujer se quedó dormida, una vez más.

10 comentarios:

Mus dijo...

Lo grave no es dormirse con la computadora prendida. Lo grave es dormirse con el vibrador prendido o que ya no sirva para ahuyentar malos espíritus.

Catalina dijo...

Pues algo parecido me ha pasado a mi. Y lo peor es que no lo extraño. Envidio a la gente que siempre tiene algo que contar. Y pienso como durante año y pico siempre tuve algo que decir y ahora no.
Es complicado. Un lugar que me hizo tan libre y tan esclava.
Me encantaría retomarlo, sin compromiso, sin prisa. Pero no sé si voy a poder. Y ahora, justamente ahora que lo dejé, tengo tanto, tantísimo que contar...

Besos
Cata

Bereni-C dijo...

Mmm... Si decides dejar de escribir, te entiendo perfectamente, pero te echaré de menos porque me gusta leer lo que publicas :-)
A lo mejor no hablas de ti, pero entiendo que sí.

valpertuna dijo...

si se confirma lo que parece lo lamentaré.
y no poco!

Petulandcia dijo...

Igual es nuestra expectativa, ¿no?, la que lo ha sacado del ámbito intimo....pero....te echo de menos. Pero lo entiendo, claro, además, siempre es genial darse cuenta de que ya no se necesita algo.
Besos, Baronesa.

aliere dijo...

Aysss no jodas, nena, que con lo que me gusta a mí acudir a tu blog para inspirarme me vas a dejar sola, con mi pantalla negra y mis malos espíritus :(

Gordi dijo...

Ay, no se me suliveyen, sólo intentaba explicar que no sé seguir. Ay.

MIGUEL ANGEL dijo...

No digas idioteces. No puedes dejar de escribir ahora. Somos muchos los que te seguimos y además nos escanta poder parpar entre líneas tus sentimientos, emociones, fantasías, anécdotas, historias personaeles, ...etc.
Si de alguna manera tuvieras que dejarlo pues tendrias que darnos alguan justificación de lo contrario si es necesario iría a decirte personalmente que sigas porque este blog aunque no lo creas es tu otro yo, tu forma de sentir y sobre todo tu familia de amigos que te quiere y apoya en cada momento.
Un besote y ánimos guapetona.

LA MARU dijo...

Supongo que hay días de 'si no lo cuento reviento' y días de 'debería escribir algo que esto lo tengo abandonadito'. Todos merecen la pena.

Glossy dijo...

lo bueno de un blog es que es tu espacio. Con él haces lo que quieras, no deberías sentirte obligada a escribir. Si un día no quieres, pues no escribes. Ya llegarán de nuevo los días en que no puedas encontrar un momento para publicar unas palabras. Todo va por temporadas.

Publicar un comentario en la entrada